Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz

Lunes 02 de Julio de 2018

La actual Biblioteca Iberoamericana es sede de lo que inicialmente fue el Colegio Jesuita de San Tomás, espacio que ocupó la Compañía de Jesús en la ciudad, que llegó a Guadalajara en 1586. Una de sus primeras labores de los jesuitas fue la de ofrecer clases de latín a la población pobre de la ciudad. Por otra parte, Guadalajara se convirtió en el centro organizativo de los jesuitas en el occidente y el norte de la Nueva España, lo cual influyó en el establecimiento de sus misiones en Nayarit, Sinaloa, Sonora, Chihuahua y California.

Para la edificación de este inmueble y para su subsistencia en general, los jesuitas echaron mano de lo que obtenían de la Hacienda de Toluquilla, ubicada al sur de Guadalajara. La actividad educativa de los jesuitas en esta ciudad se vio interrumpida en 1767 cuando fueron expulsados del Imperio español por el rey Carlos III, debido a confrontaciones políticas entre ambas partes. Esta edificación volvió a ocuparse en 1792 para albergar a la Real y Literaria Universidad de Guadalajara, creada por cédula real el 18 de noviembre de 1791 por órdenes de Carlos IV, cuya fundación y dirección estuvo a cargo de Fray Antonio Alcalde y Barriga.

Ya en el siglo XIX, siendo México un país independiente, este espacio albergó al Poder Legislativo de Jalisco. Por esta razón, el frontis del recinto se remodeló con un pórtico neoclásico que hasta la fecha podemos apreciar.

De la construcción original sólo queda la capilla de Loreto, pues en 1938 se derribó buena parte del conjunto conventual y se construyó el edificio Lutecia, el cual aún hoy goza del uso cotidiano. Durante varias décadas del siglo XX, el antiguo templo de Santo Tomás fue utilizado como oficinas de Telégrafos de México. Posteriormente se otorgó el espacio a la actual Biblioteca Iberoamericana “Octavio Paz”, cuyo acervo es administrado por la Universidad de Guadalajara.

A finales de 1924, el gobierno de Jalisco mandó pintar el mural que podemos apreciar en el interior del recinto. La obra se titula Exaltación del trabajo y Unión de obreros y campesinos; estuvo a cargo de Amado de la Cueva (1891-1926), pintor tapatío que había tenido la experiencia de trabajar con el afamado muralista Diego Rivera, y que para la realización de este mural contó con el apoyo de David Alfaro Siqueiros (1896-1974). Este trabajo pictórico fue concluido en 1926. Estos murales representan el trabajo de obreros y campesinos; siguen una línea estética prehispánica por ser dibujos planimétricos en los que predomina el color rojizo del barro. Estos tonos también exaltan las luchas sociales y la unión sindical, acciones que promovía Siqueiros, quien pintó los personajes de Zapata, los mineros y obreros, entre otros. Amado de la Cueva pintó los elementos prehispánicos que representan la herramienta de los trabajadores. Este es un mural que nos sintetiza las luchas sociales de la etapa posrevolucionaria así como los progresos plásticos de la provincia.